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¿Pueden existir juegos olímpicos sostenibles?

Autor: Jhorman Zavala

Los Juegos Olímpicos (JJOO) son el mayor evento multideportivo del mundo, pero también son sinónimo de grandes construcciones e inversiones que la ciudad organizadora realiza para mostrar al mundo todo su potencial, sin percatar en todo el gasto energético y recursos que hay detrás. ¿Cómo se pueden hacer unos Juegos Olímpicos sostenibles.

El gran propósito de los Juegos Olímpicos no es solo mostrar lo mejor del deporte mundial. También se promocionan como una gran alternativa para incrementar la reputación de la ciudad y el país donde se desarrolla, incentivar el turismo, crear trabajos e impulsar los negocios locales. Sin embargo, desde hace muchas ediciones, los Juegos Olímpicos han sido un enorme gasto que parece no tener retorno. Además, viene de la mano con una gran huella de carbono que, según los expertos, está causada por una debatible gestión ecológica, social y financiera.

Levantando ciudades

Las estadísticas nos muestran que los últimos Juegos Olímpicos no han sido rentables ni siquiera a largo plazo. Tokio 2020 costó más de 15 mil millones de dólares, un gasto que hasta hoy no ha tenido forma de recuperar en su totalidad.

Andrew Zimbalist, doctor en Economía y autor de varios libros sobre los JJOO señaló que el gran coste proviene de hacer una “ciudad dentro de otra ciudad”, a la cual se le conoce como Villa Olímpica. Esta miniciudad por lo general tendría un edificio para los medios, alojamiento para los periodistas y atletas, centros de entrenamiento, transportes, estadio principal y demás infraestructura y logística para recibir a todos los turistas.

Sin embargo, la historia nos demuestra que las infraestructuras construidas quedan abandonadas después de ser usadas. No importa qué ciudad haya sido, la administración pública casi nunca logra encontrar la forma de seguir dándose uso, o el mantenimiento adecuado.

“Ser anfitrión de los Juegos Olímpicos nunca ha sido un negocio rentable, con un par de posibles excepciones (Los Ángeles 84’, Barcelona ’92). Por supuesto, las empresas de construcción que obtienen los miles de millones de dólares en contratos se benefician generosamente” señala el Dr. Zimbalist a Negocios Verdes.

Río 2016, la última vez que estos juegos se realizaron el Sudamérica,  generó en sus dos semanas 3.6 millones de toneladas de CO2 equivalente, casi el doble de los 2.05 millones de CO2 mensual que produce normalmente la ciudad. A pesar de haber manifestado su interés en ser unos juegos más sostenibles, hoy es común encontrar en Rio autos abandonados cerca a los hoteles de los deportistas, y edificios nuevos que hoy parecen rezago de una guerra.

Además, si sumamos otros costes ambientales, los JJOO parecen cada vez más inviables. Y es que no es solo la huella de carbono ligada a su funcionamiento, sino que existen casos de cuestionable gestión ambiental. Tal es el caso de los Juegos de Invierno Pyeonchang 2018, donde destrozaron un bosque de 500 años de antigüedad para construir una pista de esquí. O también en Rio 2016, donde los deportes acuáticos se realizaron en aguas contaminadas.

La cal y arena de Tokio 2020

“Los juegos olímpicos de la ruina” titulaban algunos principales medios del mundo a Tokio 2020. Al costo que implicó aplazar los juegos por la pandemia, se sumaron los apuros en la organización para cumplir los protocolos de bioseguridad. El golpe económico más fuerte fue perder una de las mayores fuentes de ingresos: los turistas.

No había espectadores que compren su entrada, que visiten la ciudad, que impulsen los negocios locales. El costo de Tokio 2020 incrementó notablemente desde los 7 mil millones de dólares que se tenía estimado en 2013, cuando se decidió la sede.

Sin embargo, desde la organización se anunciaron como los “juegos más verdes hasta hoy”. Y es que han intentado usar la mayor cantidad de infraestructura ya construida, alquilar sedes e implementar el uso de vehículos eléctricos o híbridos para el transporte de los participantes. Además, se plantearon reciclar el 65% de los residuos generados, incluso compensar la cuantificación de emisiones restantes con el ‘Bosque Olímpico’ en África, que prometen sembrar en un futuro para atrapar el CO2 que no puedan mitigar.

Desde la organización también implementaron camas de cartón reciclado en la Villa Olímpica, y podios y medallas hechas con residuos electrónicos. Así usaron casi 79 mil toneladas de material reciclado para conseguir el oro, plata y bronce necesarios en las 5000 medallas.

A pesar de ello, destaca el exorbitante gasto de más de 1.7 millones de USD para la construcción del estadio principal. Pese a que ha obtenido una certificación de construcción ecológica dentro de Japón, se ha requerido un enorme gasto energético en la actividad humana, el transporte de materiales y la importación de los mismos. Entre ellos destacan madera de bosques certificados de las 47 prefecturas de Japón, para darle más simbolismo al evento. Muchos medios cuestionan si realmente era necesario invertir tanto en esta infraestructura que tuvo sobrecostes por remodelación.

Sin embargo, los organizadores estiman que la huella de carbono final rondará las 2.7 millones de toneladas de CO2 equivalente, una reducción considerable que se logró por la ausencia de turistas y las medidas climáticas adoptadas.

¿Cuál es el futuro de los juegos olímpicos?

El Comité Olímpico Internacional (COI) ha manifestado su decisión de no solo ser carbono neutral, sino carbono positivo con miras al 2030. El problema es que, si se mantiene las mismas estrategias de construcción y ostentación, resulta un panorama complejo. Muchos apuntan que la organización está realizando una estrategia de greenwashing con unos juegos sostenibles, que dadas todas las pruebas, no lo son.

“El COI ha hablado mucho, pero no ha recorrido tanto. Se autoproclamó a favor de la sostenibilidad a principios de la década de 1990, pero todavía no ha elaborado un plan para lograrlo ni para imponer sanciones cuando se violan los principios. Es un desperdicio total construir un nuevo Shangri-La olímpico masivo en una nueva ciudad cada dos años. El enfoque ecológico sería regresar los Juegos Olímpicos a ser un evento deportivo en lugar de un evento de construcción y celebrar los Juegos de Invierno y Verano en una ciudad permanente” sentencia Zimbalist.

Por el momento, la próxima ciudad organizadora Paris 2024 ha manifestado su intención de ser carbono positivo. Se utilizaría un 95% de edificaciones existentes o temporales, y se impulsaría las energías renovables para su funcionamiento. Además, se compensaría las emisiones que no se puedan mitigar con “proyectos de prevención y captura de CO2 en los cinco continentes”. ¿Será suficiente?

Conoce más

Dr. Andrew Zimbalist y sus libros

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