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Latinoamérica: El reciclaje de basura electrónica no llega al 1%

Autor: Jhorman Zavala

La gestión de Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos (RAEE) en Latinoamérica es un constante desafío. Pues no existen reglamentos específicos y hay una gran dificultad en los latinoamericanos para desprenderse de un aparato que todavía consideran que tiene valor monetario.

¿Un residuo o un bien de lujo?

Es muy probable que, si buscamos en el cajón o en el armario de una familia latinoamericana, encontremos un celular viejo, o un electrodoméstico en desuso que se resiste a ser reciclado. Las razones del por qué están allí pueden ser muchas.

Celulares en desuso acopiados por RLG.

Diversos expertos han identificado dos como las causas que más se repiten: la primera es la gran brecha entre el valor del producto y el ingreso promedio. Esto configura a los aparatos eléctricos como bienes de lujo que conservan su valor incluso sin ser usados.

La segunda es el desconocimiento de puntos de acopio dónde desecharlos, producto de una ineficiente gestión de residuos. Por ello, el destino final es esperar al mercader del chatarreo, o ser botados en un basural, confiando que el tiempo los consuma antes de que sea demasiado tarde y acabe contaminando los ecosistemas donde se deshecha. Solo México, Costa Rica, Perú y Colombia tienen una política específica para la gestión de residuos eléctricos y electrónicos. Mientras que, dos de los tres países que más RAEE generan (Brasil con 2143 kt y Argentina con 465 kt al año) aun dan sus primeros pasos. Entonces surge la pregunta, ¿Cómo gestionar tanta basura?

La oportunidad eléctrica

“Como el reciclaje representa un gasto importante, las empresas esperan que el país reglamente el tema para poder gestionar sus residuos” indica Daniel Ott, Manager Latin America de Reverse Logistics Group (RLG) una empresa que se encarga de la logística inversa de los aparatos eléctricos y electrónicos en distintos países.

Ott señala que algunas empresas en el rubro electrónico logran recuperar una tasa del total de sus ventas para su adecuada disposición. Esto pese a que no existe regulación local que los ampare. En cambio, operan bajo un espíritu corporativo de fidelización de marca, o lineamientos desde su casa matriz.  Muchas de estas empresas tienen presencia internacional, como HP, Apple, LG, DirecTV  y son las que contratan los servicios de RLG para que puedan gestionar sus RAEE.

¿Qué es un residuo electrónico?

El gran debate radica en cómo identificar un residuo.  Para el usuario común, esto puede significar dos opciones: botarlo cuando ya no tiene utilidad porque consiguió uno mejor (pero el aparato todavía está operativo). O botarlo porque se atrofió y ya no funciona.

“Si tienes unos celulares almacenados que ya no usas. ¿Es un residuo o es algo que tienes que guardar? Es muy difícil implementar una norma que obligue a que la gente bote sus aparatos después de cierta cantidad de años. La obligación debe ir al fabricante, quien tiene que recibirlos y el resto hay que trabajarlo con sensibilización” comenta Daniel Ott.

En el caso empresarial y en el sector público es más complejo, pues depende mucho del presupuesto de la institución y del contrato de adquisición de aparatos electrónicos que se tenga. Mientras que a una empresa con bajo presupuesto las computadoras pueden durarles 10 años, otra empresa que lleva una política de renovación constante, cambiará sus computadoras cada uno o dos años.

 Otro caso surge en aquellos activos que todavía no han terminado de pagarse, pero que se conservan en almacenes de la empresa hasta ser bajas contables.

Este experto tiene una definición para los RAEE empresariales. “Una vez que no tiene ningún valor y no están en sus libros contables, o están en una bodega y no sirven para repuestos, allí es conveniente desechar”.

Además, enfatiza que lo fundamental no es solo desensamblar y vender lo resultante, sino identificar si el producto se puede reacondicionar. De esta forma se puede extender al máximo el ciclo de vida del aparato. Y así ofertarlo a otros mercados o para consumidores que puedan reaprovecharlo.

Desensamblando el sistema

Lo fundamental para que la gestión de RAEE sea eficiente es contar con un presupuesto que permita hacerse cargo de todo el sistema. Este coste casi siempre caerá en el consumidor final, quien pagará el derecho de disposición incluido en el precio del aparato.

Es necesario aclarar, que la financiación en ningún caso podría solventarse con la venta de los materiales recuperados. Y es que el valor rescatable de la venta de minerales, vidrios, o plásticos, no logra ser lo suficientemente alto para pagar la gestión de los RAEE.

Segregación de RAEE acopiados por RLG.

Ott sugiere mitigar este gasto del consumidor con programas de recompensas. Estos, además de facilitar que el cliente siga fiel a la marca, podrían ofrecer descuentos en un producto nuevo si es que reciclan el antiguo.

Las entidades tributarias tienen la información de cada aparato eléctrico o electrónico que ingresa por la vía legal a los países. Por ello, con estos datos se podrían establecer metas de recolección según el volumen correspondiente.

Sin embargo, esto presenta un gran problema con las pequeñas y medianas empresas que importan y distribuyen productos electrónicos en la región. Pues por lo general, no cuentan con las herramientas y presupuestos necesarios para la gestión de sus RAEE.

Debido a ello, en la mayoría de países estas no están contempladas en la legislación de recojo de RAEE, a pesar que representan en conjunto un gran porcentaje dentro de Latinoamérica. Allí se requieren otro tipo de estrategias, enfocadas sobre todo al consumidor final.

RLG está realizando convenios con algunas municipalidades, implementando puntos de acopio zonales que puedan recoger la mayor cantidad de RAEE urbanos. Además, gestionan convenios con supermercados para establecer allí también puntos de acopio.

Ott es enfático en señalar que sobre todo se debe concientizar que los residuos son eso, residuos. Por ello, no habrá un mercader del chatarreo que asegure que los puede gestionar correctamente y a la vez pagar una cantidad nada despreciable de dinero al usuario.  “Lo más importante es el tema normativo, luego se ve la respuesta de las industrias, y una vez que está establecido, toca cambiarle el chip a la gente” finaliza.

Conoce más

Reverse Logistic Group Latam

Daniel Ott, Manager Latin America – Reverse Logistic Group Latam

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