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¿Cómo convertir la chatarra de hoy en el acero del mañana?

Autor: Jhorman Zavala

La chatarra tiene cada vez más demanda en el mercado colombiano de acero, que recupera su crecimiento post cuarentena.

Chatarra rentable

¿Cómo se puede convertir la basura en algo muy rentable? La chatarra es probablemente el mejor ejemplo de cómo la correcta gestión de un residuo puede alimentar una industria de gran valor. Y es que el acero obtenido por la fusión de chatarra representa un mercado millonario que aporta a las 60 millones de toneladas de acero que se produce en Latinoamérica.

Colombia es un actor importante en la región. Con más de 1 millón de toneladas de acero anuales, este país presenta un interesante mercado de generación siderúrgica. Y es en gran parte obtenido por la recuperación de chatarra ferrosa proveniente de aparatos y vehículos obsoletos. La otra fuente de acero es obtener el mineral de hierro en estado virgen. Pero las tendencias internacionales viran hacia estrategias más ambientalmente responsables para recuperar material ferroso.

El ingeniero y desarrollador de proyectos de innovación, Adrián Giraldo, señala que la chatarra recibe un tratamiento de materia prima, no de residuo, y es un negocio muy rentable. “Es el único residuo que tiene una recuperación directa. Tal como se genera se vuelve a usar. Como en Colombia existe una fuerte industria siderúrgica, casi todo lo que se genera se compra”.

El destino principal del acero subyace al sector de la construcción, pieza clave en el desarrollo urbano del país sudamericano. No en vano, la industria del acero representa el 6% del PBI colombiano. Por ello, la chatarra que muchas industrias necesitan para generarlo se ha convertido en uno de los bienes más solicitados del mercado colombiano. Así se ha configurado un esquema de negocio que es rentable, pero que a su vez es muy vulnerable a la oferta de este residuo en el país.

Así surge la pregunta. ¿Cómo incentivar sistemas de recuperación de chatarra más eficaces?

El valor de la chatarra

Juan Carlos Vélez Salcedo, Coordinador de Desintegración Vehicular de Gerdau Diaco, señala que la chatarra se obtiene de cuatro fuentes mayoritarias. La primera proviene por la obsolescencia de los aparatos que los bodegueros y el sector urbano pone en desuso. La segunda fuente es la chatarra industrial de distintas empresas. La tercera procede de la desintegración vehicular y la cuarta por alternativas metálicas.  

Así, lograron convertirse en el primer generador de acero largo en Colombia, con una capacidad de producción 600 mil toneladas anuales. Sin embargo, esta empresa reconoce que la captación de chatarra es un reto constante para la industria. Por ello, también se ven obligados, junto a otras empresas, a importar chatarra para poder cumplir con el requerimiento de mercado. Incluso otras siderúrgicas extraen material virgen para poder producir acero, con la huella de carbono que esto conlleva, a diferencia de reutilizar la chatarra.

La directora de la Cámara Siderúrgica de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia, María Ospina, señaló en una entrevista que la industria del acero es muy dependiente de la chatarra producida dentro del país. La crisis sanitaria mundial de 2019 ocasionó que se frenen los sistemas de producción. Por lo que para cubrir el déficit se tuvo que importar una mayor cantidad de chatarra de China, el primer productor mundial.

Pese a la recuperación progresiva, el 2020 señalan que hubo un déficit de 284 mil toneladas de chatarra que no se produjeron en Colombia. Y sumado al aumento internacional del hierro o de la misma chatarra, el acero incrementó su costo hasta en un 48%, que pudo haberse reducido si la industria de producción nacional pudiera mejorar sus cifras.

Chatarra vehicular

Los expertos consultados coinciden que para incrementar el potencial se puede trabajar con más énfasis desde dos frentes. El primero es la chatarrización de vehículos viejos y el segundo es la integración transversal de los recicladores de oficio.

A finales del 2020, en Colombia se propuso desintegrar 25 mil vehículos que cuenten con más de 20 años de antigüedad. Esto con el fin de modernizar el parque automotor en un plazo de dos años.  Terminando octubre del 2020, el Ministerio de Transporte reportó que solo se habían desintegrado 990 vehículos, poco más del 3% del total.

Pese a las propuestas de reposición de vehículos, no se logró la cantidad deseada, y esto se vio acentuado por la subida del dólar y la crisis sanitaria. Incluso las empresas de transporte manifestaron que, pese a las buenas intenciones, la burocracia y el precio de adquirir un vehículo nuevo les impedía renovar su flota.

Sin embargo, Vélez Salcedo es optimista. Él confía que la importancia ambiental y los compromisos de ser un país perteneciente a la OCDE puedan brindar las garantías suficientes para incrementar el porcentaje de chatarrización.

“Hemos visto cómo ha aumentado la desintegración vehicular por reposición de vehículos nuevos. El acuerdo de la OCDE nos está obligando a que desintegremos y tengamos un parque automotor más limpio. Allí está el potencial” señala.

Economía solidaria

José Alejandro Martínez, experto en economía circular, señala que es un gran reto integrar a los recicladores de oficio al sistema. Y es que son 180 mil puestos de trabajo que gestionan alrededor del 30% de residuos totales producidos en el país, entre los que se incluye, la chatarra.

El sector del chatarreo -como muchos sistemas de gestión de residuos de la región – está constantemente afectado por la informalidad. No solo porque existe un gran porcentaje de recicladores de oficio que no forman parte de la cadena operativa de las empresas gestoras de residuos, sino porque tampoco existe la capacidad de medición exacta en la generación de residuos chatarreros para su aprovechamiento.

Un eslabón fundamental para Giraldo y Martínez, es revalorizar la cadena de acopio, pues son ellos quienes se encargan de seleccionar los residuos y de gestionarlos para las grandes empresas que los reaprovechan.

“Se necesita la formalización de todos los trabajadores en la cadena de valor. En Colombia existe un régimen tributario en la chatarra, y mientras siga funcionando, hay la posibilidad de formalización de la cadena para que se llegue a industrializar” comenta Giraldo.

Vélez señala que Gerdau Diaco cuenta con un intensivo plan de colaboración con los recicladores de oficio. Así pueden capacitar su labor y brindarles las herramientas necesarias para una correcta segregación de residuos.

Sin embargo, el reto aun es grande para abarcar a toda la industria, y solo se conseguirá con la compenetración de políticas público- privadas. “Cuando se pueda engranar el sector informal, formal, la educación ambiental y la normativa de las empresas, se crecerá exponencialmente” finaliza Martínez.

Conoce más de Gerdau Diaco

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Juan Carlos Vélez Salcedo, Coordinador de Gestión de Desintegración vehicular – Gerdau Diaco

José Alejandro Martínez, docente universitario y experto en economía circular – Gerdau Diaco

Adrián Giraldo, desarrollador de proyectos de innovación – Gerdau Diaco

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