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Chile: ¿Cómo vestir a la moda sin dañar el planeta?

Autor: Jhorman Zavala

Alternativas de moda sostenible ganan cada día más terreno en el país donde el chileno promedio compra 50 prendas al año, siendo los consumidores de moda per cápita más grandes de Sudamérica.

TRÉBOL SASTRERÍA: slow fashion y moda retro

Después de graduarse como diseñadora, Maria Fernanda Arroyo encontró moldes de costura en las antiguas revistas de moda que su madre atesoraba. Vio en estos moldes la oportunidad para crear Trébol Sastrería y revalorizar el trabajo del sastre con la moda vintage de los años 60 y 70.

El modelo de negocio de Arroyo no solo rescata los diseños, sino también los materiales, pues la mayor parte de su producción está hecha a base lino y lana que rescató de la “época de oro” de la industria textil chilena. El resto de la producción se realiza con telas nobles obtenidas de los pocos productores locales que aún quedan.

“Muchas de las telas que encontramos reposan en bodegas antiguas. A veces hemos encontrado algunas con 50 años de antigüedad en excelente estado. Es como estar en una cava de vino, el tiempo les ha dado más valor al que tienen, por lo que simbolizan más allá del material” indica la empresaria chilena.

Trébol Sastrería basa su sostenibilidad en la trazabilidad de todos sus procesos, pues comunican el origen de los materiales y la mano de obra de las costureras locales encargadas. De la misma forma, esta empresa promueve la slow fashion, es decir desincentivar la cultura de consumo que seduce a los compradores a renovar su armario cada temporada (fast fashion), por lo que sus modelos perduran a través de las estaciones y son hechos a pedido, evitando el gasto innecesario de recursos del sobrestock.

Tapado Clásico. Cedida por Trébol Sastrería.

“Me confieso enamorada de los clásicos y nuestros diseños son clásicos y atemporales. Lo que se luce en la marca es la materialidad, el oficio, el relato que va detrás. Lo importante es salirse de las tendencias y alargar la vida útil de la ropa. Crear un vínculo emocional para que se enamoren de las prendas, las cuiden y las hagan durar más” enfatiza Arroyo.

Esta empresaria es consciente que la escalabilidad y su modelo de negocio nunca podrán competir contra la fast fashion. Por ello, el éxito es dirigir su empresa a las personas adecuadas. Esto representa un potencial enorme para que no solo su negocio crezca, sino también aquellos que apuestan por estrategias diferentes a la hora de vender ropa. No en vano el mercado de moda de autor en Chile está valorizado en 22 millones de dólares, con tendencia a crecer más cada año.

“Las redes sociales nos ha permitido llegar a un público que está tratando que sus decisiones de consumo vayan por la sostenibilidad. A pesar de la pandemia, ha crecido en la gente la necesidad de apoyar con sus compras a una forma más ética de cómo quieren que se hagan las cosas en el mundo” cuenta con una sonrisa María Fernanda Arroyo.

DOCENA: Suprareciclaje como estilo de vida

“Trabajamos transformando la forma de hacer ropa” es la descripción con la que Docena– o 12na- impulsa el upcycling. Este es su espíritu con el cual buscan acercar a la gente a la economía circular en la moda.

Haori de 12na. Facebook Docena.

La filosofía de Docena cuestiona la fast fashion actual, y rescata ropas usadas para crear prendas y accesorios únicos que venden en su plataforma. “Chile nos permitió ser flexibles. La polémica apertura del mercado de la ropa usada nos dio muchas facilidades” comenta Mariano Breccia, uno de los fundadores de esta marca que empezó sus operaciones en Argentina, pero que luego se mudó a Chile por el gran potencial de mercado que ofrecía.

Y es que en Chile el mercado de la ropa usada ha crecido exponencialmente. Muchas tiendas retail venden ropa usada proveniente de Estados Unidos, gracias a las políticas que favorecen su importación. En Docena combinan dos o más prendas usadas y elaboran una nueva prenda, única en el mundo. A esta prenda se le conoce como “ropa doceñada”.

Al principio, Docena exportaba sus productos a Europa y Asia, pero vieron que el mercado de la moda en Chile crecía más y focalizaron sus esfuerzos en su tienda de Valparaíso, donde ofrecían las prendas a los turistas que frecuentaban la zona. Por la crisis ambiental y la pandemia, el interés del público chileno se incrementó a productos más sostenibles, y docena se vio envuelta en esta demanda del mercado a favor de la circularidad en la industria de la moda.

Docena es hoy además una agencia textil que realiza workshops, clases virtuales, asesorías en suprareciclaje textil, performances, brinda prácticas a estudiantes de moda y todo lo que el mercado textil pueda demandar.

Breccia sabe que el mercado actual ha atraído a más empresarios que apuestan por el suprareciclaje, por lo que han focalizado sus esfuerzos en sus servicios como agencia, y ofrecer a la par prendas cada vez más exclusivas destinadas a un público muy bien identificado.

Este empresario cuenta que antes él percibía que la gente asociaba a la ropa usada con la precariedad, pero las nuevas tendencias han cambiado la conciencia ambiental del público, lo que les ha permitido posicionarse en Chile y seguir funcionando después de más de 10 años. “Está cambiando la forma en la que el público se relaciona con la ropa. No solo quiere consumir el objeto, sino el proceso, el triple impacto que conlleva” cuenta Breccia emocionado.

Lo barato siempre sale caro

Tanto Breccia como Arroyo coinciden en un punto: la ropa barata trae un coste detrás que es ignorado por el consumidor final. Ellos señalan que algunas de las marcas más importantes producen las prendas en lugares donde no existen derechos laborales o cuidado medioambiental.

“Los primeros años nos tocaba explicarles a las personas por qué un abrigo nuestro cuesta 100 y uno de tienda 50. En la etiqueta el de 50 tendrá mayoritariamente polyester y a lo máximo 20% lana.  Esta prenda también podría haber sido hecha por un niño pagado con un plato de arroz” señala Arroyo.

Ambos enfatizan que la sensibilización, la comunicación y la educación son parte fundamental de la transformación del público para apostar por alternativas sostenibles. “Cuando compras barato compras la no fiscalización de sistemas de producción, el uso de pesticidas para que la tierra deje de ser fértil, o prendas en polyester que generan microplásticos que van al mar y son alarmantes” cuenta Breccia.

La fundadora de Trébol Sastrería cuenta que antes el lujo era llevar lentejuelas o luces. Hoy esta valoración ha cambiado. “Lo que realmente es lujo es saber quién, cómo y dónde se hizo la ropa. Es una invitación a las personas a replantear sus conceptos y dentro de sus posibilidades optar por calidad antes que cantidad” finaliza Arroyo.

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